En los últimos años se observan grandes transformaciones a nivel global, las cuales inciden de manera determinante en la producción, precios y comercio de los principales commodities. Guerras arancelarias y de subsidios, barreras ambientales sin base científica, conflictos bélicos, acuerdos comerciales selectivos, obstáculos en las rutas marítimas, son solo algunos de los eventos que cada vez se observan con mayor frecuencia y que generan desvíos de comercio y volatilidad en los mercados. De esta manera, las 2 principales características del nuevo orden mundial que está naciendo son la incertidumbre y la volatilidad. A pesar de ello Argentina tiene todas las condiciones para seguir ganando terreno como potencia agroexportadora a partir de un nuevo atributo diferencial que seguramente será muy valorado por los compradores: la estabilidad en el suministro por ser una zona de paz. Para que nuestra agroindustria pueda aprovechar las oportunidades del nuevo escenario global es fundamental que, entre otras cosas: (i) nunca más se apliquen cupos en las exportaciones, (ii) se negocien nuevos acuerdos comerciales especialmente con los principales países importadores de productos agroindustriales, (iii) se fortalezca la agenda de competitividad para captar nuevos mercados en contextos de volatilidad de precios, subsidios y aranceles y (iv) se sigan brindando garantías de calidad, inocuidad y sostenibilidad de la producción agroindustrial argentina.
I. INTRODUCCION
La producción y el comercio mundial de productos agroindustriales siempre estuvo sujeto a varios factores de riesgo estructurales que potenciaron la incertidumbre sobre la evolución de las principales variables. Entre otros destacamos a los riesgos sanitarios (asociados a plagas y enfermedades), ambientales (como las sequías, inundaciones, granizo, etc.), de mercados (variaciones en los precios de los commodities) y de políticas (generalmente vinculados en cambios en las regulaciones nacionales). Sin embargo, en estos últimos años han surgido nuevos riesgos asociados al cambio de orden internacional que estamos atravesando. La suba en los derechos de importación anunciada por EEUU hace poco más de 1 año y sus consecuencias (es decir, la escalada arancelaria con China y la firma de acuerdos de rebalanceo de comercio con varios países) junto con las guerras en Ucrania y Oriente Medio y sus implicancias en la economía global, son un claro ejemplo de que el mundo está en plena transformación y que ello incidirá en la producción y comercio de productos agroindustriales en los próximos años, potenciando la incertidumbre y la volatilidad.
En el presente informe identificamos los principales cambios que se están produciendo a nivel global, algunas de sus posibles implicancias en el comercio agroindustrial y como se encuentra posicionada la Argentina en este contexto.
II. UN NUEVO ORDEN INTERNACIONAL COMIENZA
Si bien la transformación que estamos atravesando aún debe terminar de adquirir una forma más estable, en términos generales caracterizamos el nuevo orden a partir de tres factores distintivos:
A.- Debilitamiento del sistema basado en reglas. Hasta hace algunos pocos años, existía un importante grado de compromiso de los países con los organismos internacionales y sus reglas, pero, sobre todo, había una clara vocación de cooperar y articular acciones conjuntas en la búsqueda de objetivos compartidos. Prueba de ellos son los múltiples organismos internacionales creados desde la II Guerra Mundial y la enorme cantidad de reglas acordadas en el marco de los mismos para ordenar y dar previsibilidad a las políticas nacionales. Esto se ha ido degradando paulatinamente con el paso de los años. Los países recurren cada vez con mayor frecuencia a medidas unilaterales (legales o no), dejando en un segundo plano su disposición a buscar soluciones colectivas en el marco de los organismos internacionales, muchos de los cuales están siendo objeto de cuestionamientos sobre su eficacia[1]. En materia comercial, este debilitamiento se potencia con la paralización del sistema de solución de diferencias de la OMC desde fines de 2019.
B.- Hegemonía de EEUU en disputa. Surgen nuevos polos de poder que cuestionan el liderazgo que mantuvo EEUU por décadas. Las principales potencias contendientes son China y, en segundo orden, India y Rusia, las cuales pueden presentar credenciales de logros en múltiples planos, con una gobernanza político-económica que difiere del modelo de Estado liberal occidental que conocemos. La irrupción vertiginosa de estos países genera una mayor dispersión del poder y el reclamo de nuevos formatos de equilibrios en el sistema internacional (BRICs, la Franja y la Ruta, la Iniciativa de Desarrollo Global, etc.). Frente a esta situación, EEUU prioriza la construcción de alianzas con países con miradas afines, ingresando en una etapa de abierta competencia con los países contendientes.
Esta competencia se expresa en, al menos, tres niveles: (i) económico (guerras de subsidios/aranceles en sectores estratégicos y una progresiva fragmentación del comercio por verse atravesado por factores geopolíticos), (ii) tecnológico (con una creciente disputa entre ambas superpotencias en el control de tecnologías críticas, así como en la definición de estándares técnicos, regulatorios y de gobernanza digital) y (iii) militar, donde se incrementan los conflictos bélicos en los que hay intervención -directa o indirecta- de alguna de las principales potencias, se construyen “áreas de influencia” para proteger la seguridad nacional de incursiones externas amenazantes y aumentan los riesgos de estrangulamiento del comercio por la utilización de la geografía como instrumento de presión)
C.- Mayor fragmentación. Por efecto de la creciente competencia el sistema global comienza lentamente a resquebrajarse de forma selectiva, especialmente en relación a la fabricación y comercio de productos estratégicos para la seguridad económica y la seguridad nacional. Esto no implica que estamos frente al fin de la globalización, pero varios componentes de la misma están tensionados: cooperación, confianza, objetivos comunes, cadenas de suministro, eficiencia económica, etc.
III. POTENCIALES Implicancias en el comercio agroindustrial Y SUS POSIBLES REPERCUSIONES EN ARGENTINA.
A.- Restricciones comerciales. El debilitamiento del sistema de reglas es un terreno fértil para que muchos países den rienda suelta a su natural vocación proteccionista en el comercio agrícola. Por lo tanto, es esperable que se incrementen aranceles, subsidios y barreras no arancelarias de manera discrecional, generando más distorsiones en los mercados internacionales.
B.- Acuerdos comerciales parciales. No se observa prácticamente ninguna chance de que el proceso de liberalización del comercio agrícola avance a nivel multilateral, al menos en el corto plazo. Los únicos ejercicios viables de liberalización serían acotados en, al menos, tres niveles: (i) beneficiarían a pocos países (negociaciones bilaterales o plurilaterales), (ii) abarcarían pocos productos (utilizando formatos del tipo “listados positivos” reducidos) y (iii) tendrían una ambición limitada (con desgravaciones arancelarias parciales o contingentes arancelarios no muy grandes).
Es esperable que los resultados de esta liberalización controlada se plasmen en acuerdos bilaterales o plurilaterales donde no solo aborden cuestiones comerciales, sino que se crucen con otros intereses (alianza geopolítica, minerales raros, seguridad, financiamiento, etc.). Estos acuerdos operarían como “anclas” que den previsibilidad a los intercambios, frente a la baja observancia de las reglas multilaterales.
C.- Armonización / coordinación. Es esperable que los países muestren una menor predisposición a armonizar sus regulaciones sanitarias y técnicas nacionales con los estándares establecidos en organismos internacionales como el Codex, la OMSA o la IPCC. Un proceso similar es esperable con respecto a la coordinar o articulación de políticas agrícolas que normalmente se realiza en el marco de organismos como la FAO, el G20 o AMIS. En ambos casos, el proteccionismo comercial y el bajo interés en la articulación de políticas globales serían los principales motores.
D.- Mayores desvíos de comercio: Es esperable que se potencien los desvíos como consecuencia de, al menos, 3 grandes factores: (i) nuevas estructuras arancelarias de los países, (ii) nuevos canales de comercio a partir de alianzas geopolíticas y (iii) disrupciones en el transporte marítimo en ciertos puntos geográficos neurálgicos (chokepoints[1]).
- Resulta aún prematuro extraer conclusiones sobre los posibles desvíos de comercio y sus implicancias para Argentina, sobre todo porque el Ejecutivo de los EEUU está revisando los niveles de sobretasas y sus fundamentos legales a partir del fallo de su Corte Suprema de Justicia.
Sin perjuicio de ello destacamos que el Acuerdo Bilateral de Comercio e Inversiones entre Argentina y EEUU abre nuevas oportunidades para ampliar nuestras exportaciones de productos como la carne bovina, vinos, frutas frescas y secas, aceite de oliva, papas congeladas, miel y productos de la pesca, entre otros[1]. En contrapartida, los 28 acuerdos de rebalanceo celebrados hasta el momento por EEUU seguramente potencien sus exportaciones agrícolas a dichos mercados, generando algunos desplazamientos en ciertos productos en favor de EEUU[2]. Recordamos que en 2025 EEUU tuvo exportaciones agrícolas por USD 180.000 millones (principalmente maíz, trigo, soja, pellets de soja y todo tipo de carnes, entre otros productos).
En cualquier caso, para aprovechar las oportunidades y enfrentar los desafíos de estos cambios arancelarios, es importante que Argentina avance en su agenda de competitividad.
La desburocratización de las exportaciones y, especialmente la eliminación de registros o cupos que limitaron las exportaciones de granos, carne bovina, lácteos y otros productos, es un paso de gran relevancia para que Argentina ponga en valor el activo de la estabilidad en el suministro a mercados externos. Cuando Argentina aplicaba estas restricciones, muchos importadores optaban por buscar fuentes alternativas que aseguraran sostenibilidad en las ventas. Además, Argentina ha venido dando señales claras de que su identificación geopolítica como democracia Occidental y particularmente con los EEUU no incidirá en absoluto con los flujos comerciales. A modo de ejemplo, las exportaciones agroindustriales de Argentina a China y a India aumentaron un 60% y 40% respectivamente en 2025, en comparación el año anterior, como para citar a la relación comercial con 2 de las principales potencias contendientes.
Finalmente, se espera que el incremento de los conflictos bélicos y las disrupciones en chokepoints sigan impactando en la producción y comercio de productos agrícolas (especialmente los granos). Como hemos visto estos días a raíz del conflicto en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, o como los ataques de los rebeldes hutíes que implicaron el cierre del complejo Bab-el-Mandeb / Canal de Suez en 2024, estos acontecimientos tienen la capacidad de impactar en la producción y comercio a través de las siguientes variables:
- Precios de insumos críticos como los combustibles y los fertilizantes.
- Precios del transporte internacional (ya sea por la suba del petróleo, primas de seguros marítimos o rutas más largas).
- Precio de las principales monedas.
- Evolución de la economía a nivel general (nivel de actividad, inflación, tasa de interés, etc.).
- Precio de los granos (por el cambio de todas las variables antes mencionadas que inciden en estos precios).
Por supuesto que el impacto dependerá de: (i) la importancia exportadora de los países afectados por el conflicto o la relevancia del chokepoint en el comercio de petróleo, gas o granos[1], (ii) la duración temporal del conflicto y (iii) el nivel de afectación de la infraestructura básica como puertos, cadena de suministro de granos, almacenamiento, ductos para gas/petróleo, plantas de tratamiento, etc.
-Sobre este punto Argentina tiene un capital de altísima relevancia: la garantía de estabilidad en el suministro. Ya no solo podemos brindar seguridad de que nuestra producción agroindustrial es inocua, de calidad y sostenible, ahora tenemos un capital adicional y es que el grueso de nuestras exportaciones no se ve afectada por las disrupciones del comercio por conflictos bélicos o interrupciones en chokepoints.
En primer lugar, somos una zona de paz lejos de los conflictos armados que afectan o condicionan a muchos países agroexportadores. En segundo lugar, una parte significativa de nuestras exportaciones agroindustriales no tiene que atravesar chokepoints (como las destinadas a Mercosur, UE o EEUU). En tercer lugar, por el momento los principales chokepoints utilizados por nuestras exportaciones de granos y subproductos (Malaca, Cabo de Buena Esperanza y Canal de Panamá) no tienen conflictos operativos significativos ni riesgos altos en el corto plazo que hagan peligrar su buen funcionamiento.
Por supuesto que ninguna de estas situaciones particulares de Argentina nos evita los efectos sistémicos en materia de precios que se describieron anteriormente, por lo que la agenda de competitividad vuelve a ser importante.
IV.COMENTARIOS FINALES
Las 2 principales características del nuevo orden mundial son la incertidumbre y la volatilidad. Esto requiere que los países estén alertas a los cambios (sabemos que van a venir, lo que no se sabe es qué, cómo ni cuándo) y adoptar políticas exteriores pragmáticas que permitan adaptarse a escenarios cambiantes. Argentina tiene todas las condiciones para seguir ganando terreno como potencia agroexportadora a partir de un nuevo atributo diferencial: garantías de estabilidad en la provisión. Para ello, es fundamental: (i) asegurar que nunca más se apliquen cupos en las exportaciones, (ii) seguir avanzando en nuevos acuerdos comerciales especialmente con los principales importadores, (iii) fortalecer la agenda de competitividad que nos permita captar nuevos mercados en contextos de volatilidad de precios, subsidios y aranceles y (iv) seguir brindando garantías de calidad, inocuidad y sostenibilidad de la producción agroindustrial argentina.
[1] Ver “OMC – Crónica de un fracaso anunciado”. INAI. Abril 2026.
[2] Algunos ejemplos de disputas internacionales exitosas para la Argentina son los casos EEUU-carne bovina, UE–moratoria biotecnología, UE–biodiesel, EEUU-limones, entre otros.
[3] De acuerdo a las proyecciones OECD-FAO, las principales demandas de importación de agroalimentos provendrá de India, China, Filipinas, Malasia, Vietnam, Tailandia, los países de África Subsahariana, Medio Oriente y África del Norte.
[4] Son puntos geográficos críticos (estrechos o canales) por donde se concentra el tránsito del comercio internacional, especialmente en rutas marítimas. Su importancia radica en que tienen pocas alternativas, por lo que cualquier interrupción genera impactos globales.
[5] Ver “Argentina y EEUU anuncian su acuerdo sobre comercio e inversiones”. INAI, noviembre de 2025.
[6] Ver “Con Vietnam se inicia el desafío de preservar nuestras exportaciones agrícolas en las reconfiguraciones que se vienen”. INAI, junio de 2025.
[7] Los principales chokepoints en el comercio de petróleo / gas son Malaca (30%) y Ormuz (25%). En cuanto al comercio de granos, los más importantes son Bósforo (20-25%) y Malaca (15-20%). El estrecho de Malaca conecta a los Océanos Índico con Pacífico, Bósforo conecta Mar Negro con Mediterráneo y Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico.